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Frida Kahlo y Diego Rivera

Frida Kahlo y Diego Rivera

Frida Kahlo y Diego Rivera. Contrastes y grandes similitudes definen a la pareja formada por los dos artistas mexicanos y su caótico matrimonio.

Vocabulario

Pareja: Couple
Ambos: Both
Precolombino: Pre-Columbian
Afín: Related
Borracho: Drunk
Presagio: Omen, sign
Candilejas: Footlights
Operación quirúrgica: Surgical intervention
Revés: Setback
Lecho de muerte: Deathbed

Verbos

Destacar: To stand out
Llevar: To be older than sb.
Patrocinar: To sponsor
Casarse: To marry
Confinar: To imprison

Contrastes y grandes similitudes definen a la pareja formada por Frida Kahlo y Diego Rivera y su caótico matrimonio. Ambos dedicaron gran parte de su vida a la pintura y encontraron el éxito internacional. Muchos aún consideran que son dos de los pintores mexicanos más importantes de nuestro tiempo. Cada uno tuvo su propio acercamiento a la pintura para encontrar el éxito. Ambos tenían también fuertes opiniones políticas y ambos amaban y se identificaban con su México natal. Las diferencias físicas de la pareja destacaban de inmediato: Rivera pesaba más de 90 kilos más que Kahlo, medía casi 30 centímetros más que ella y le llevaba 20 años.

Cuando se conocieron en 1928 en una fiesta, Frida Kahlo era una joven artista desconocida, interesada e influenciada por Diego Rivera, que ya se había convertido en un pintor muy conocido por crear murales de gran escala como parte de un programa patrocinado por el gobierno. Se unió al programa en 1921, justo después de la Revolución Mexicana (1919-1920) y después de estudiar pintura durante muchos años en Europa. A su regreso a México, se identificó aún más con su país y su gente, el arte, la historia y la política. El programa, que patrocinaba también a otros muralistas famosos y sus obras, influidos por el arte de los pueblos indígenas de la región, se convirtió en un movimiento que celebraba la historia precolombina fomentando un sentido de identidad local y promoviendo opiniones políticas afines a las socialistas y comunistas.

Kahlo y Rivera se casaron en 1929, un año después de su primer encuentro. Durante la celebración de la boda, Rivera, borracho, rompió el dedo de un hombre y esgrimió una pistola. El hecho enfureció a Frida Kahlo que se marchó, llorando. El drama de la recepción nupcial era el presagio de una vida de dificultades matrimoniales, incluido un breve divorcio en 1939.

Poco después de casarse, la pareja pasó tres años en los Estados Unidos, donde los estadounidenses habían mostrado un fuerte interés hacia el movimiento muralista mexicano. Rivera trabajó en murales por encargo en San Francisco, Detroit y Nueva York. Mientras trabajaba en estas piezas, enormes pinturas cargadas de significado social y elogiadas por la crítica y la elite estadounidense, Kahlo se ocupaba, en la sombra de las candilejas, creando pinturas mucho más pequeñas cargadas con una expresión mucho más íntima: autorretratos que atraen al espectador a un mundo de dolor y de lucha física y emocional. Estos temas dominarían todo su corpus de trabajo. Frida Kahlo pasó la mayor parte de su vida sufriendo problemas de salud. Tuvo polio cuando era niña, sufrió un accidente de tranvía casi fatal cuando era joven, se sometió a treinta operaciones quirúrgicas a lo largo de su vida por problemas de columna vertebral entre otros y más tarde tuvo infección renal debido al alcoholismo, tenía una pierna amputada por debajo de la rodilla y estuvo confinada en su cama durante períodos prolongados.

Después de tres años en los EE.UU., la pareja se mudó a México en 1933, después de que su éxito en Estados Unidos sufriera un revés cuando Diego Rivera se negó a retirar un retrato del líder comunista Vladímir Ilich Uliánov (Lenin) de un mural encargado por nada menos que el gigante petrolero John D. Rockefeller (1839 - 1937). En México, el matrimonio de Diego Rivera y Frida Kahlo comenzó a sufrir cuando ambos mantuvieron numerosas aventuras. El affaire más notables de Kahlo fue con el escultor estadounidense de origen japonés Isamu Noguchi y con el ruso marxista revolucionario y teórico León Trotsky. Ella también tuvo aventuras con otras mujeres. Rivera tuvo amoríos con muchas mujeres, incluyendo a la hermana de Frida.

En 1937 Frida Kahlo estaba decidida a hacerse un nombre por sí misma como pintora y lograr la independencia económica de su marido. Ese mismo año, un galerista de Nueva York se percató de su trabajo en una exposición en México y le ofreció la oportunidad de exhibir sus pinturas en La Gran Manzana. A esta siguió otra exposición en París en la que el Louvre compró una de sus piezas. Su trabajo en busca del éxito continuó y hoy en día sigue siendo muy valorada.

Las turbulencias de la relación de Diego Rivera y Frida Kahlo son un telón de fondo trágico del fascinante legado artístico que ambos dejaron. En 1954, después de una vida poco común moviéndose juntos en los círculos exclusivos de la elite estadounidense a los revolucionarios mexicanos, influyéndose entre sí y marcando a personas de todo el mundo con su arte audaz y su pasión inflexible, Diego se sentó junto a la cama de su esposa mientras ella yacía en su lecho de muerte. En un momento conmovedor que dejaba de lado los años de engaño, incomprensión y sufrimiento emocional, ella le regaló un anillo de 25 aniversario. Murió al día siguiente, poniendo el punto final a un matrimonio que recordaremos por sus semejanzas, sus diferencias y la voz valiente que dio al dolor, al sufrimiento y a la identidad cultural y social.