don Quijote courses to learn Spanish
don Quijote courses to learn Spanish
Learn spanish
LEARN SPANISH
   IN SPAIN
   IN LATIN AMERICA
   SUMMER CAMPS
   SPANISH AT HOME
   - PhotoTour
   - Free Price Quote
  FREE BROCHURE
   - Special Offers
   - School Activities
   - 20 Scholarships
Tools
RESOURCES
   SPANISH LANGUAGE
   PALABRA DEL DÍA

   SPANISH LESSONS

   VERB CONJUGATOR

   SPANISH ALPHABET

   COMMON ERRORS

   SPANISH NUMBERS

   DICTIONARY

   TEST YOUR LEVEL

   LITERATURE
    + History
    + Library

   SPANISH LOVE

   FRIENDSHIP

   SPANISH GAMES

   SPANISH MEDIA

   SPANISH LYRICS

   POPULAR SAYINGS

   JOKES IN SPANISH

   NEWS!
   TRAVEL SERVICES
   JOBS
dQ Community
dQ COMMUNITY
 NEWSLETTER  
 SHARE YOUR PHOTOS  
 PHOTO CONTEST  
 dQ MEMBERS
 TEACHER'S CORNER
 COMPANIES
   - TOURIST INFO
   - LATIN CULTURE
   - VIRTUAL MUSEUM
   BLOG
don Quijote
DON QUIJOTE
   CONTACT US
   dQ SHOP
   SITE MAP

Chat with a don Quijote counsellor

Library --> Miguel de Cervantes --> Don Quijote de la Mancha

Todo lo cual escuchaba Zoraida, y todo lo sentía y lloraba, y no supo decirle ni respondelle palabra, sino:
–¡Plega a Alá, padre mío, que Lela Marién, que ha sido la causa de que yo sea cristiana, ella te consuele en tu tristeza! Alá sabe bien que no pude hacer otra cosa de la que he hecho, y que estos cristianos no deben nada a mi voluntad, pues aunque quisiera no venir con ellos y quedarme en mi casa, me fuera imposible, según la priesa que me daba mi alma a poner por obra ésta que a mi me parece tan buena como tú, padre amado, la juzgas por mala.
Esto dijo, a tiempo que ni su padre la oía ni nosotros ya le veíamos; y así, consolando yo a Zoraida, atendimos todos a nuestro viaje, el cual nos le facilitaba el propio viento, de tal manera, que bien tuvimos por cierto de vernos otro día al amanecer en las riberas de España. Mas como pocas veces, o nunca, viene el bien puro y sencillo sin ser acompañado o seguido de algún mal que le turbe o sobresalte, quiso nuestra ventura, o quizá las maldiciones que el moro a su hija había echado, que siempre se han de temer de cualquier padre que sean, quiso, digo, que estando ya engolfados y siendo ya casi pasadas tres horas de la noche, yendo con la vela tendida de alto abajo, frenillados los remos, porque el próspero viento nos quitaba del trabajo de haberlos menester, con la luz de la luna, que claramente resplandecía, vimos cerca de nosotros un bajel redondo, que, con todas las velas tendidas, llevando un poco a orza el timón, delante de nosotros atravesaba; y esto, tan cerca, que nos fue forzoso amainar por no embestirle, y ellos, asimesmo, hicieron fuerza de timón para darnos lugar que pasásemos. Habíanse puesto a bordo del bajel a preguntamos quién éramos, y adonde navegábamos, y de dónde veníamos; pero por preguntarnos esto en lengua francesa, dijo nuestro renegado:
–Ninguno responda; porque éstos, sin duda, son cosarios franceses, que hacen a toda ropa.
Por este advertimiento, ninguno respondió palabra; y habiendo pasado un poco delante, que ya el bajel quedaba a sotavento, de improviso soltaron dos piezas de artillería, y, a lo que parecía, ambas venían con cadenas, porque con una cortaron nuestro árbol por medio, y dieron con él y con la vela en la mar; y al momento disparando otra pieza, vino a dar la bala en mitad de nuestra barca, de modo, que la abrió toda, sin hacer otro mal alguno; pero como nosotros nos vimos ir a fondo, comenzamos todos a grandes voces a pedir socorro, y a rogar a los del bajel que nos acogiesen, porque nos anegábamos. Amainaron entonces, y echando el esquife o barca a la mar, entraron en él hasta doce franceses bien armados, con sus arcabuces y cuerdas encendidas, y así llegaron junto al nuestro; y viendo cuán pocos éramos, y cómo el bajel se hundía, nos recogieron, diciendo que por haber usado de la descortesía de no respondelles, nos había sucedido aquello. Nuestro renegado tomó el cofre de las riquezas de Zoraida, y dio con él en la mar, sin que ninguno echase de ver en lo que hacía. En resolución, todos pasamos con los franceses, los cuales, después de haberse informado de todo aquello que de nosotros saber quisieron, como si fueran nuestros capitales enemigos, nos despojaron de todo cuanto teníamos, y a Zoraida le quitaron hasta los carcajes que traía en los pies; pero no me daba a mí tanta pesadumbre la que a Zoraida daban como me la daba el temor que tenía de que habían de pasar del quitar de las riquísimas y preciosísimas joyas al quitar de la joya que más valía y ella más estimaba. Pero los deseos de aquella gente no se extienden a más que al dinero, y desto jamás se vee haría su codicia; lo cual entonces llegó a tanto, que aun hasta los vestidos de cautivos nos quitaran si de algún provecho les fueran; y hubo parecer entre ellos de que a todos nos arrojasen a la mar envueltos en una vela, porque tenían intención de tratar en algunos puertos de España con nombre de que eran bretones, y si nos llevaban vivos serían castigados siendo descubierto su hurto; mas el capitán, que era el que había despojado a mi querida Zoraida, dijo que él se contentaba con la presa que tenía, y que no quería tocar en ningún puerto de España, sino pasar el estrecho de Gibraltar de noche, o como pudiese, y irse a la Rochela, de donde había salido; y así, tomaron por acuerdo de darnos el esquife de su navío, y todo lo necesario para la corta navegación que nos quedaba, como lo hicieron otro día, ya a vista de tierra de España; con la cual vista todas nuestras pesadumbres y pobrezas se nos olvidaron de todo punto, como si no hubieran pasado por nosotros: tanto es el gusto de alcanzar la libertad perdida.

 
Back to Don Quijote de la Mancha: Index
Web page created with the sponsorship of the Madrid Chamber of Commerce (Cámara de Comercio e Industria de Madrid)