don Quijote courses to learn Spanish
don Quijote courses to learn Spanish
Learn spanish
LEARN SPANISH
   IN SPAIN
   IN LATIN AMERICA
   SUMMER CAMPS
   SPANISH AT HOME
   - PhotoTour
   - Free Price Quote
  FREE BROCHURE
   - Special Offers
   - School Activities
   - 20 Scholarships
Tools
RESOURCES
   SPANISH LANGUAGE
   PALABRA DEL DÍA

   SPANISH LESSONS

   VERB CONJUGATOR

   SPANISH ALPHABET

   COMMON ERRORS

   SPANISH NUMBERS

   DICTIONARY

   TEST YOUR LEVEL

   LITERATURE
    + History
    + Library

   SPANISH LOVE

   FRIENDSHIP

   SPANISH GAMES

   SPANISH MEDIA

   SPANISH LYRICS

   POPULAR SAYINGS

   JOKES IN SPANISH

   NEWS!
   TRAVEL SERVICES
   JOBS
dQ Community
dQ COMMUNITY
 NEWSLETTER  
 SHARE YOUR PHOTOS  
 PHOTO CONTEST  
 dQ MEMBERS
 TEACHER'S CORNER
 COMPANIES
   - TOURIST INFO
   - LATIN CULTURE
   - VIRTUAL MUSEUM
   BLOG
don Quijote
DON QUIJOTE
   CONTACT US
   dQ SHOP
   SITE MAP

Chat with a don Quijote counsellor

Library --> Miguel de Cervantes --> Don Quijote de la Mancha

Todo esto miraban desde unas breñas Cardenio y el cura, y no sabían qué hacerse para juntarse con ellos; pero el cura, que era gran tracista, imaginó luego lo que harían para conseguir lo que deseaban, y fue que con unas tijeras que traía en un estuche quitó con mucha presteza la barba de Cardenio, y vistióle un capotillo pardo que él traía, y diole un herreruelo negro, y él se quedó en calza y en jubón; y quedó tan otro de lo que antes parecía Cardenio, que él mesmo no se conociera, aunque a un espejo se mirara. Hecho esto, puesto que ya los otros habían pasado adelante en tanto que ellos se disfrazaron, con facilidad salieron al camino real antes que ellos, porque las malezas y malos pasos de aquellos lugares no concedían que anduviesen tanto los de a caballo como los de a pie. En efeto, ellos se pusieron en el llano, a la salida de la sierra, y así como salió della don Quijote y sus camaradas, el cura se le puso a mirar muy de espacio, dando señales de que le iba reconociendo, y al cabo de haberle una buena pieza estado mirando, se fue a él abiertos los brazos y diciendo a voces:
–Para bien sea hallado el espejo de la caballería, el mi buen compatriota don Quijote de la Mancha, la flor y la nata de la gentileza, el amparo y remedio de los menesterosos, la quinta esencia de los caballeros andantes.
Y diciendo esto, tenía abrazado por la rodilla de la pierna izquierda a don Quijote; el cual, espantado de lo que veía y oía decir y hacer a aquel hombre, se le puso a mirar con atención, y, al fin, le conoció, y quedó como espantado de verle, y hizo grande fuerza por apearse; mas el cura no lo consintió, por lo cual don Quijote decía:
–Déjeme vuestra merced, señor licenciado, que no es razón que yo esté a caballo, y una tan reverenda persona como vuestra merced esté a pie.
–Eso no consentiré yo en ningún modo –dijo el cura–: estése la vuestra grandeza a caballo, pues estando a caballo acaba las mayores fazañas y aventuras que en nuestra edad se han visto; que a mi, aunque indigno sacerdote, bastaráme subir en las ancas de una destas mulas destos señores que con vuestra merced caminan, si no lo han por enojo; y aun haré cuenta que voy caballero sobre el caballo Pegaso, o sobre la cebra o alfana en que cabalgaba aquel famoso moro Muzaraque, que aún hasta ahora yace encantado en la gran cuesta Zulema, que dista poco de la gran Compluto.
–Aun no caía yo en tanto, mi señor licenciado –respondió don Quijote–; y yo sé que mi señora la princesa será servida, por mi amor, de mandar a su escudero dé a vuestra merced la silla de su muía; que él podrá acomodarse en las ancas, si es que ella las sufre.
–Si sufre, a lo que yo creo –respondió la princesa–; y también sé que no será menester mandárselo al señor mi escudero; que él es tan cortés y tan cortesano, que no consentirá que una persona eclesiástica vaya a pie, pudiendo ir a caballo.
–Así es –respondió el barbero.
Y apeándose en un punto convidó al cura con la silla, y él la tomó sin hacerse mucho de rogar. Y fue el mal que al subir a las ancas el barbero, la muía, que, en efeto, era de alquiler, que para decir que era mala esto basta, alzó un poco los cuartos traseros, y dio dos coces en el aire, que a darlas en el pecho de ámese Nicolás, o en la cabeza, él diera al diablo la venida por don Quijote. Con todo eso, le sobresaltaron de manera, que cayó en el suelo, con tan poco cuidado de las barbas, que se le cayeron en el suelo; y como se vio sin ellas, no tuvo otro remedio sino acudir a cubrirse el rostro con ambas manos y a quejarse que le habían derribado las muelas. Don Quijote, como vio todo aquel mazo de barbas, sin quijadas y sin sangre, lejos del rostro del escudero caído, dijo:
–¡Vive Dios, que es gran milagro éste! ¡Las barbas le ha derribado y arrancado del rostro, como si las quitaran a posta!
El cura, que vio el peligro que corría su invención de ser descubierta, acudió luego a las barbas y fuese con ellas adonde yacía ámese Nicolás dando aún voces todavía, y de un golpe, llegándole la cabeza a su pecho, se las puso murmurando sobre él unas palabras, que dijo que era cierto ensalmo apropiado para pegar barbas, como lo verían; y cuando se las tuvo puestas, se apartó y quedó el escudero tan bien barbado y tan sano como de antes, de que se admiró don Quijote sobremanera, y rogó al cura que cuando tuviese lugar le enseñase aquel ensalmo; que él entendía que su virtud a más que pegar barbas se debía de extender, pues estaba claro que de donde las barbas se quitasen, había de quedar la carne llagada y maltrecha, y que, pues todo lo sanaba, a más que barbas aprovechaba.
–Así es –dijo el cura, y prometió de enseñarsele en la primera ocasión.
Concertáronse que por entonces subiese el cura, y a trechos se fuesen los tres mudando, hasta que llegasen a la venta, que estría hasta dos leguas de allí. Puestos los tres a caballo, es a saber, don Quijote, la princesa y el cura, y los tres a pie, Cardenio, el barbero y Sancho Panza, don Quijote dijo a la doncella:
–Vuestra grandeza, señora mía, guíe por donde más gusto le diere.
Y antes que ella respondiese, dijo el licenciado:
–¿Hacia qué reino quiere guiar la vuestra señoría? ¿Es, por ventura, hacia el de Micomicón? Qué si debe de ser, o yo sé poco de reinos.

 
Back to Don Quijote de la Mancha: Index
Web page created with the sponsorship of the Madrid Chamber of Commerce (Cámara de Comercio e Industria de Madrid)