don Quijote courses to learn Spanish
don Quijote courses to learn Spanish
Learn spanish
LEARN SPANISH
   IN SPAIN
   IN LATIN AMERICA
   SUMMER CAMPS
   SPANISH AT HOME
   - PhotoTour
   - Free Price Quote
  FREE BROCHURE
   - Special Offers
   - School Activities
   - 20 Scholarships
Tools
RESOURCES
   SPANISH LANGUAGE
   PALABRA DEL DÍA

   SPANISH LESSONS

   VERB CONJUGATOR

   SPANISH ALPHABET

   COMMON ERRORS

   SPANISH NUMBERS

   DICTIONARY

   TEST YOUR LEVEL

   LITERATURE
    + History
    + Library

   SPANISH LOVE

   FRIENDSHIP

   SPANISH GAMES

   SPANISH MEDIA

   SPANISH LYRICS

   POPULAR SAYINGS

   JOKES IN SPANISH

   NEWS!
   TRAVEL SERVICES
   JOBS
dQ Community
dQ COMMUNITY
 NEWSLETTER  
 SHARE YOUR PHOTOS  
 PHOTO CONTEST  
 dQ MEMBERS
 TEACHER'S CORNER
 COMPANIES
   - TOURIST INFO
   - LATIN CULTURE
   - VIRTUAL MUSEUM
   BLOG
don Quijote
DON QUIJOTE
   CONTACT US
   dQ SHOP
   SITE MAP

Chat with a don Quijote counsellor

Library --> Miguel de Cervantes --> Don Quijote de la Mancha

Esto dijo entre dientes, y prosiguió diciendo:
–Y después de habérsela tajado y puestos en pacífica posesión de vuestro estado, quedará a vuestra voluntad hacer de vuestra persona lo que más en talante os viniere; porque mientras que yo tuviere ocupada la memoria y cautiva la voluntad, perdido el entendimiento, a aquella... y no digo más, no es posible que yo arrostre, ni por pienso, el casarme, aunque fuese con el ave fénix.
Parecióle tan mal a Sancho lo que últimamente su amo dijo acerca de no querer casarse, que, con grande enojo, alzando la voz, dijo:
–Voto a mí, y juro a mi, que no tiene vuestra merced, señor don Quijote, cabal juicio: pues ¿cómo es posible que pone vuestra merced en duda el casarse con tan alta princesa como aquésta? ¿Piensa que le ha de ofrecer la fortuna tras cada cantillo semejante ventura como la que ahora se le ofrece? ¿Es, por dicha, más hermosa mi señora Dulcinea? No, por cierto, ni aun con la mitad, y aun estoy por decir que no llega a su zapato de la que está delante. Así, noramala alcanzaré yo el condado que espero, si vuestra merced se anda a pedir cotufas en el golfo. Cásese, cásese luego, encomiéndole yo a Satanás, y tome ese reino que se le viene a las manos de vobis vobis, y en siendo rey, hágame marqués o adelantado, y luego, siquiera se lo lleve el diablo todo.
Don Quijote, que tales blasfemias oyó decir contra su señora Dulcinea, no lo pudo sufrir; y, alzando el lanzón, sin hablalle palabra a Sancho y sin decirle esta boca es mía, le dio tales dos palos, que dio con él en tierra; y si no fuera porque Dorotea le dio voces que no le diera más, sin duda le quitara allí la vida.
–¿Pensáis –le dijo a cabo de rato–, villano ruin, que ha de haber lugar siempre para ponerme la mano en la horcajadura, y que todo ha de ser errar vos y perdonaros yo? Pues no lo penséis, bellaco descomulgado, que sin duda lo estás, pues has puesto lengua en la sin par Dulcinea. Y ¿no sabéis vos, gañán, faquín, belitre, que si no fuese por el valor que ella infunde en mi brazo, que no le tendría yo para matar una pulga? Decid, socarrón de lengua viperina, y ¿quién pensáis que ha ganado este reino y cortado la cabeza a este gigante, y héchoos a vos marqués, que todo esto doy ya por hecho y por cosa pasada en cosa juzgada, si no es el valor de Dulcinea, tomando a mi brazo por instrumento de sus hazañas? Ella pelea en mí, y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser. ¡Oh hideputa bellaco, y cómo sois desagradecido: que os veis levantado del polvo de la tierra a ser señor de titulo, y correspondéis a tan buena obra con decir mal de quien os la hizo!
No estaba tan maltrecho Sancho, que no oyese todo cuanto su amo le decía; y levantándose con un poco de presteza, se fue a poner detrás del palafrén de Dorotea, y desde allí dijo a su amo:
–Dígame, señor: si vuestra merced tiene determinado de no casarse con esta gran princesa, claro está que no será el reino suyo; y no siéndolo, ¿qué mercedes me puede hacer? Esto es de lo que yo me quejo; cásese vuestra merced una por una con esta reina, ahora que la tenemos aquí como llovida del cielo, y después puede volverse con mi señora Dulcinea; que reyes debe haber habido en el mundo que hayan sido amancebados. En lo de la hermosura no me entremeto; que, en verdad, si va a decirla, que entrambas me parecen bien, puesto que yo nunca he visto a la señora Dulcinea.
–¿Cómo que no la has visto, traidor blasfemo? –dijo don Quijote–. Pues ¿no acabas de traerme ahora un recado de su parte?
–Digo que no la he visto tan despacio –dijo Sancho–, que pueda haber notado particularmente su hermosura y sus buenas partes punto por punto; pero así a bulto, me parece bien.
–Ahora te disculpo –dijo don Quijote–, y perdóname el enojo que te he dado; que los primeros movimientos no son en manos de los hombres.
–Ya yo lo veo –respondió Sancho–; y así, en mi la gana de hablar siempre es primero movimiento, y no puedo dejar de decir, por una vez siquiera, lo que me viene a la lengua.
–Con todo eso –dijo don Quijote–, mira, Sancho, lo que hablas; porque tantas veces va el cantarillo a la fuente..., y no te digo más.
–Ahora bien –respondió Sancho–, Dios está en el cielo, que ve las trampas, y será juez de quien hace más mal: yo en no hablar bien, o vuestra merced en no obrallo.

 
Back to Don Quijote de la Mancha: Index
Web page created with the sponsorship of the Madrid Chamber of Commerce (Cámara de Comercio e Industria de Madrid)