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Los Muralistas Mexicanos

Muralistas Mexicanos

Los Muralistas mexicanos. El movimiento nació a principios de la década de 1920 a raíz de los cambios revolucionarios que tuvieron lugar en México.

a raíz de: due to
riqueza: wealth
a gran escala: wholesale
reto: challenge
herramienta: tool
audaz: innovative
sangriento: bloody
recurrente: recurring
raíces: roots
alojamiento: accomodation

Verbos

garantizar: to promise
encabezar: to lead
fomentar: to encourage
narrar: to tell
ayudar: to help

El movimiento muralista mexicano nació en la década de 1920 a raíz de la Revolución mexicana. El país acababa de soportar una década de guerra civil. La guerra había terminado con más de 30 años de una dictadura que garantizaba  y concentraba la riqueza y el poder a un pequeño grupo y dejaba a la gran mayoría de México con la libertad limitada y en difíciles condiciones económicas. Figuras revolucionarias populares como Francisco "Pancho" Villa y Emiliano Zapata ayudaron a producir los cambios que dieron lugar a un nuevo gobierno, encabezado por el presidente Álvaro Obregón, que esperaban que ofreciese un nuevo rumbo para México. Para ayudar a alcanzar ese objetivo, el ministro de Educación de Obregón, José Vasconcelos, comenzó a conceder comisiones financiadas por el gobierno para pintar murales a gran escala en los edificios del gobierno.

El nuevo presidente Obregón también se enfrentó al reto de unir a una población mayoritariamente analfabeta, alejada durante años de la posibilidad de educación y de la política por un gobierno dictatorial y posteriormente devastada por la violencia de la guerra. El arte mural podría educar, promover la ideología política y fomentar un sentimiento de orgullo en un nuevo México. El movimiento también podría continuar el legado de la pintura mural en México muy anterior a la conquista española. Los nuevos murales evocarían las raíces indígenas y los antiguos maestros muralistas de civilizaciones como la azteca o la maya.

El uso del arte por los muralistas como herramienta para unificar, educar y cambiar radicalmente el sentido de identidad de toda una nación era algo muy nuevo en el arte occidental. El movimiento surgió en un momento en que el artista se identificaba con una persona introspectiva, posiblemente separada de los ideales generales del pueblo, que vendía sus cuadros para decorar las casas, y que creaba arte simplemente por amor al arte como postulaba la declaración de los impresionistas sobre la finalidad del arte. De repente, los muralistas mexicanos empezaron a capturar el espíritu de la revolución proporcionando imágenes audaces que a menudo ofrecían un mensaje claro, con el que resultaba fácil identificarse, a la población oprimida durante años bajo el dictador Porfirio Díaz: vamos a recuperar la gloria de los imperios de nuestros antepasados indígenas y crear un nuevo gran México entre todos.

Tres muralistas mexicanos destacan como los más reconocidos del movimiento: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. A este “trío” se lo conocía como "Los Tres Grandes". Dado que las comisiones gubernamentales concedidas a los pintores les garantizaban una libertad artística completa, el estilo y las opiniones políticas de cada uno de estos tres hacen que su trabajo sea claramente identificable. Todos ellos se expresaban con un lenguaje visual único que ofrecía muy diferentes puntos de vista. La obra de Rivera y Alfaro Siqueiros a menudo glorificaba la revolución, mientras que Clemente Orozco fue mucho más crítico con la violencia que esta había causado. La obra de Clemente Orozco, que representa los horrores de la sangrienta guerra de México, le valió críticas por su naturaleza gráfica.

Mientras que sus opiniones y estilos difieren, su trabajo comparte ciertos elementos. Un tema recurrente común en la obra de los muralistas es el uso de imágenes históricas que narran la historia del pasado de México, con descripciones detalladas de las ricas tradiciones de las civilizaciones indígenas, los devastadores efectos y la influencia permanente de la conquista española y, finalmente, la independencia y la cultura contemporánea. Los murales llaman a los mexicanos contemporáneos a celebrar sus raíces y su identidad cultural, y a recordar y respetar siempre las luchas, las injusticias, los triunfos y logros que conforman la historia antigua y reciente de México.

Algunos de los murales más famosos se encuentran fuera de México, de manera sorprendente. Hay algunos ejemplos famosos pintados por Diego Rivera en San Francisco, California (sus primeros encargos de murales fuera de México). Su Alegoría de California se puede encontrar dentro de la Bolsa de Valores del Pacífico y de La creación de un fresco que muestra la construcción de la ciudad se encuentra en el Instituto de Arte de San Francisco. También pintó una serie de paneles denominados Industria de Detroit en el interior del Instituto de Artes de Detroit. El único trabajo de David Siqueiros en los Estados Unidos está en el Monumento Histórico El Pueblo de Los Ángeles. La obra que se encuentra allí se llama América Tropical y mide casi 27 metros por 6. Esta controvertida pintura representa a un indígena mexicano crucificado bajo un águila americana con dos francotiradores en el lateral apuntando al águila. Controvertida desde el principio, esta obra fue pintada de nuevo. Ahora está en proceso de restauración y posterior apertura al público. Por último, José Orozco pintó murales en diversos lugares de América sobre todo The Epic of American Civilization, en el Dartmouth College en New Hampshire. Esta narrativa convincente cubre la historia de las Américas que termina en nuestra sociedad industrializada. También pintó un mural en el Comedor Frary en el Pomona College, en California llamado Prometheus. Este trabajo le fue encargado por 5.000 dólares pero cuando Orozco llegó para empezar a trabajar, había menos de 1.000 dólares, la mayoría donados por los estudiantes. No dispuesto a darse la vuelta, preguntó "¿Todavía tienen una pared?" Con comida y alojamiento cubiertos por la universidad, se quedó y completó el trabajo por 2.500 dólares.

La inmediatez de esta forma de arte ha tenido un efecto duradero en la imagen de los mexicanos de su país, su historia y ellos mismos. El formato mural también ha ayudado a dar forma a la imagen que muchas personas alrededor del mundo tienen de México. Esta forma de arte universal ha servido para educar, transmitir mensajes políticos, sociales y nacionalistas. A través del trabajo que todavía está en exhibición hoy podemos ver una visión estilizada de los antiguos imperios, los horrores de la guerra, los peligros de la industrialización y la lucha por la libertad, la justicia y la igualdad.