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Nuestra Señora de Guadalupe

Nuestra Señora de Guadalupe

Nuestra Señora de Guadalupe. La historia de Nuestra Señora de Guadalupe relata unos fascinantes hechos ocurridos en México hace casi 500 años.

Vocabulario

Fiel, f/m: Believer
Milagroso, f/m: Miraculous
Colina, f: Hill
Sangriento/a: Bloody
Viruela, f: Smallpox
Ola, f: Wave
Álgido/a: Critical
Obispo, m: Bishop
Diosa madre, f: Godess-mother
Manto, m: Cloak
Desgaste, m: Wearing out
Pincelada, f: Brush-stroke

Verbos

Relatar: To tell
Ser testigo de: To witness
Promover: To promote
Abrazar: To adopte
Sugerir: To suggest
Sentar las bases: To lay the foundation
Morirse: To lay dying

La historia de Nuestra Señora de Guadalupe relata unos fascinantes hechos ocurridos en México hace casi 500 años que iban a cambiar la forma y la historia del país. Los fieles celebran la historia como una manifestación milagrosa de la Madre de Dios y hoy, casi medio milenio más tarde, Nuestra Señora de Guadalupe es todavía una de las figuras religiosas y culturales más importantes de México y Patrona de las Américas.

En 1531, un hombre llamado Juan Diego Cuauhtlatoatzin, uno de los primeros aztecas en convertirse al cristianismo, caminaba por las colinas en el camino a la iglesia de Tlatelolco cuando fue testigo de la aparición de una bella mujer en el interior de una esfera de luz. Ella habló con Cuauhtlatoatzin en su lengua náhuatl nativa, refiriéndose a él como su “hijito querido”, y luego se identificó a sí misma como la Virgen María.

En ese momento, los cristianos conversos eran raros entre los indígenas americanos. Después de años de sangrientas guerras entre españoles e indígenas, incluyendo los Aztecas, los sacerdotes españoles encontraron que promover el cristianismo resultaba especialmente difícil. Los indígenas se resistían a abrazar la fe religiosa de los conquistadores, que habían violado, esclavizado, masacrado y contagiado plagas mortales como la viruela a gran parte de sus poblaciones. Desde la llegada de Hernán Cortés a México en 1519 hasta la primera aparición de la Virgen a Juan Diego Cuauhtlatoatzin, en 1531, una creciente ola de relaciones violentas con los españoles habían llegado a un punto álgido. La aparición de la Virgen María de Guadalupe marcó un repentino y sorprendente cambio en las actitudes indígenas hacia el cristianismo.

La Virgen María empezó explicándole a Cuauhtlatoatzin que lo amaba y que Dios está en todo lugar. A petición de la Señora, Juan Diego trató (sin éxito) de explicar al obispo local que ella deseaba que se construyera una iglesia en la colina en la que había aparecido: un lugar donde la gente pudiera experimentar su compasión y conocer el corazón de su madre. Juan Diego se sintió abatido por su fracaso en cumplir con el deseo de la Virgen María y cuando se encontró con la aparición por segunda vez, él le sugirió que enviara a alguien más importante para hablar con el obispo en su palacio sobre la fundación de nueva iglesia. La Virgen María insistió en que ella lo había elegido específicamente, a él, para la tarea. En su segunda visita al palacio, el obispo le dijo a Cuauhtlatoatzin que le pidiera una señal a María.

El Cerro del Tepeyac

La colina en la que Nuestra Señora de Guadalupe se le apareció tenía un importante significado para los aztecas. Conocido como el cerro del Tepeyac, los aztecas, tradicionalmente adoraban allí a una importante diosa madre. Los conquistadores destruyeron y prohibieron los lugares aztecas de culto y la imagen de la Virgen María pudo sentar las bases de un acuerdo asumible por los aztecas y continuar adorando a una figura materna en el sitio, aceptando la doctrina cristiana. La diosa madre y la Virgen de Guadalupe comparten interesantes características como su poder para sanar. Hoy en día, el santuario que conmemora a la Virgen María, construido en el cerro del Tepeyac es también una de las iglesias más visitadas del mundo.

Días después de la segunda aparición de María, Juan Diego se acercó al cerro del Tepeyac a buscar un sacerdote, porque su tío se estaba muriendo en casa. María se le apareció de nuevo y le aseguró que su tío estaba curado. Entonces ella le pidió que recogiese algunas flores que habían florecido fuera de temporada en el clima frío de la colina desolada como una señal que demostrase al sacerdote su reunión sobrenatural con Juan Diego. Llenó su manto de fibra de cactus con las flores y se las llevó al sacerdote. Cuando abrió el manto ante el sacerdote, esperando que las flores cayeran al piso, ambos se sorprendieron enormemente al encontrar que en lugar de flores, una magnífica imagen de la Virgen María, tal como Juan Diego la había visto, decoraba el manto con coloridos detalles.

Hoy en día, el manto cuelga en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en el cerro del Tepeyac. Se ha resistido al desgaste con el tiempo e incluso sobrevivió a la explosión de una bomba en 1921. La bomba explotó justo debajo del manto, que se mantuvo intacto entre la piedra y el mármol destruidos. Milagrosamente nadie resultó dañado en el bombardeo. La imagen ha sido motivo de debate, ya que algunos afirman que los estudios de infrarrojos de la pintura y de las fibras del manto no muestran pinceladas o cualquier forma en la que un ser humano podría haber creado la imagen.

Las noticias del encuentro de Juan Diego Cuauhtlatoatzin con la Virgen se difundieron rápidamente. Poco después del acontecimiento, los sacerdotes informaron que estaban bautizando a miles de personas todos los días. Tan sólo siete años más tarde, 8.000.000 de aztecas se habían convertido al catolicismo.

Nuestra Señora de Guadalupe parece haber tenido una singular habilidad fusionado dos mundos violentamente opuestos, habiendo llegado a simbolizar la rica y única cultura creada por esa fusión tanto  en México como en el resto del continente americano.