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La Regenta. Page 24

Spanish Literature: La Regenta - Leopoldo Alas

-Pues oiga usted -se atrevió a decir la Infanzón sin mirar a su esposo-; diga usted lo que quiera, esta capilla me parece a mí muy bonita; y me parece en cambio muy feo profanar el templo... ¡blasfemando así de Dios y sus santos!

Ea, se había cansado; quería dar la batalla al libertino y escogía, con un pudor evidente, el terreno neutral, del arte, puro y desinteresado. Además le gustaba de veras la capilla y no quería más contemplaciones.

El lugareño creyó que su mujer se había vuelto loca.

«Estaría mareada como él». Quiso hablar, pero no lo consiguió en cuanto quiso. Obdulia soltó al aire una carcajada, que oyó don Cayetano desde fuera. Don Saturno, cortado y sospechando algo del motivo de aquella inesperada oposición, se contentó con inclinarse a lo Magistral y torcer la boca y las cejas de una manera inventada por él mismo frente al espejo. Quería aquello decir que un Bermúdez no disputaba con señoras. Sólo contestó:

-Señora... yo no profano nada... El Arte...

-¡Sí profana usted!

-¡Pero mujer, pero Carolina!

-¡Oh! déjela usted, señor Infanzón; yo respeto todas las opiniones.

Y temiendo que la lugareña llevase la mejor parte en lo de profanar o no profanar, se apresuró a añadir:

-Por lo demás, ya usted comprenderá, amigo mío, que yo sigo los cánones de la belleza clásica condenando enérgicamente el gusto barroco... Esto es plateresco...

-¡Churrigueresco! -exclamó el compromisario queriendo así compensar la protesta disparatada de su mujer.

-¡Churrigueresco! -repitió- ¡da náuseas! -y se vio claramente que las sentía.

-¡Churrigueresco! -pudo decir otra vez.

-¡Rococó! -concluyó Obdulia.

En aquel momento el Arcipreste se inclinaba para saludarla como si fuera a besarle las botas color bronce.

Salieron a la calle todos juntos.

Don Saturno se apresuró a despedirse. De sus mejillas brotaba fuego. Iba a cuerpo y tenía mucho frío. El viento caliente le sabía a cierzo.

-¡Temo una pulmonía! -dijo, mientras escapaba abrochándose la levita por la cintura.

Necesitaba saborear a solas las emociones de aquella tarde.

«Amaba y creía ser amado».