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La Regenta. Page 387

Spanish Literature: La Regenta - Leopoldo Alas

Ana sonrió y le explicó el instrumento griego a su buen esposo.

-Chica, eres una erudita.

Otra nubecilla pasó por la frente de Ana.

El reloj de la catedral, a media legua del Vivero, dio las diez, pausadas, vibrantes, llenando el aire de melancolía.

-Pues es verdad que se oye -dijo Quintanar.

Y después de un silencio, comentario de la hora, añadió:

-¿Vamos a cenar?

-¡A cenar! -gritó Ana.

Y soltando el brazo de don Víctor corrió, levantando un poco la falda de la matinée que vestía, hasta perderse en la obscuridad de la bóveda. Quintanar la siguió dando voces:

-Espera, espera... loca, que puedes tropezar.

Cuando salió a la claridad, con el cielo por techo, vio en lo alto de la escalinata de mármol, con una mano apoyada en el cancel dorado de la puerta de la casa, a su querida esposa que extendía el brazo derecho hacia la luna, con una flor entre los dedos.

-Eh, ¿qué tal, Quintanar? ¿Qué tal efecto de luna hago?...

-¡Magnífico! Magnífica estatua... original pensamiento... oye: «La Aurora suplica a Diana que apresure el curso de la noche...».

Ana aplaudió y atravesó el umbral. Don Víctor entró detrás diciéndose a sí mismo en voz alta:

-¡Hija mía! Es otra... Ese Benítez me la ha salvado... Es otra... ¡Hija de mi alma!

Cenaron en la vajilla de los marqueses. Los dos tenían muy buen apetito. Ana hablaba a veces con la boca llena, inclinándose hacia Quintanar que sonreía, mascaba con fuerza, y mientras blandía un cuchillo aprobaba con la cabeza.

-La casa es alegre hasta de noche -dijo ella.

Y añadió:

-Toma, móndame esa manzana...

-«Móndame la manzana, móndame la manzana...» ¿dónde he oído yo eso?... Ah ya...

Y se atragantó con la risa.

-¿Qué tienes, hombre?

-Es de una zarzuela... De una zarzuela de un académico... Verás... se trata de la marquesa de Pompadour: un señor Beltrand anda en su busca; en un molino encuentra una aldeana... y como es natural se ponen a cenar juntos, y a comer manzanas por más señas.

-Como tú y yo.

-Justo. Pues bueno, la aldeana, como es natural también, coge un cuchillo.