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El siglo XIX: la Cuba de José Martí

La Cuba de José Martí

El siglo XIX supuso el fin del imperio español en ultramar. Las colonias comenzaron a independizarse a principios de dicho siglo tras distintas series de levantamientos contra los gobernantes españoles. A finales del siglo, el imperio español contaba con dos colonias en América, Cuba y Puerto Rico y una en Asia, Filipinas.

El movimiento de emancipación fue liderado en Cuba por un escritor y político: José Martí (1853-1895), conocido en la actualidad por el sobrenombre de “El Apóstol”. Martí dedicó su vida a la independencia cubana, tanto ideológicamente como tomando parte activa en la lucha, hasta que murió en combate en 1895. Su sueño se realizó tres años después, durante la guerra hispano-americana, en 1898.

En su faceta literaria, Martí cultivó la poesía, el ensayo, el género periodístico, el epistolar y la oratoria. Fue uno de los escritores más prolíficos de América Latina, y también de los más leídos.

En poesía destaca su obra Ismaelillo (1882), una de las obras maestras de la literatura en lengua española y fundadora de la modernidad literaria latinoamercana. José Martí dio el nombre de Ismaelillo también a su propio hijo, que fue el inspirador de los poemas reunidos en el volumen, y así, dicho volumen se transforma en el propio hijo del poeta, que lo cuida con mimo hasta que fue editado. Este libro marca el paso del Romanticismo al Modernismo latinoamericanos.

En 1878 escribió el poemario Versos Sencillos, que no serían publicados hasta 1891. Son el máximo exponente de la madurez literaria de José Martí y todo su ideario. Destaca el ritmo magistral de todos los poemas de dicha obra, y sobre todo del titulado “Yo soy un hombre sincero”. Son poemas sencillos que huyen de las interpretaciones y se acercan mucho a la oralidad.

En 1913, se editó Versos Libres, su poemario póstumo. Es una obra que no llega a entrar del todo en el Modernismo. Es su poemario más experimental.

En la ensayística destaca Nuestra América (1891), en el que se sistematiza todo el programa político-humanista de Martí. En esta obra se nos revela la necesidad de la aparición del nuevo Ser de América: "ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según lo acaricie el capricho de la luz, o la tundan o talen las tempestades; ¡los pueblos se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!. Es hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes". Marca un antes y un después en la visión que Latinoamérica tiene de sí misma.

La visión Martiana diseminada por toda su obra es determinante en la modernización política latinoamericana, y también debería ser una visión determinante en el humanismo actual, por su modernidad de pensamiento y la frescura de sus ideas sobre la identidad latinoamericana.