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Es un tema polémico del que cada poco tiempo se hacen eco los medios de otros países: ¿por qué los españoles entramos a trabajar a una hora como las 9 y salimos tan tarde como las 20:00?

Es difícil dar una respuesta y más cuando muchos de nosotros damos la razón a las críticas esperando que en un futuro haya horarios más racionales o tomamos nota de las publicaciones de la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles.

Una manera rápida de explicar este desajuste es mirar hacia atrás en la historia: durante la Guerra Civil, y debido a que España formó una alianza con Alemania e Italia, el bando rebelde adoptó el huso horario GMT+1. Lo que iba a ser una medida puntual para tiempo de guerra permaneció una vez terminado el conflicto y por eso hoy en Madrid tenemos la hora de Berlín en lugar de la de Londres.

Otro factor que mucho tiene que ver con estas jornadas viene de posguerra. En aquella época, muchas personas tenían que pluriemplearse para sobrevivir. Eso suponía terminar en un trabajo e irse a otro, con lo que un español de la época volvía a casa prácticamente a la hora de cenar. A día de hoy no hay tanta gente pluriempleada, pero la costumbre de alargar la jornada laboral prevaleció. Y esto condicionó gran parte de lo que es la –llamémosle- vida “postlaboral”: restaurantes que abren a partir de las 21:00, prime time televisivo que empieza a las 22:00, irse a dormir a partir de las 00:00…

Una vez conocidos los antecedentes parecería sencillo acabar con el hábito. Pero no parece tan fácil. Hay muchas opiniones al respecto, pero podríamos resumirlas en dos grandes corrientes de opinión: la de aquellos que creen necesaria, y más en los tiempos que corren, una reestructuración de los horarios; y la de aquellos que piensan que es algo tan arraigado en nuestra cultura que el cambio causaría más trastorno que beneficio. Unos toman ejemplo de países como Alemania o Suecia, a lo que los otros responden que en España ni el tiempo ni el clima ni el carácter es el mismo que en esos países; y los otros dicen que lo de estos horarios es una costumbre típicamente mediterránea, a lo que unos responden que en Italia se entra a trabajar a las 8 y se sale a las 18:00 ¡Y también tienen una hora para comer!

La discusión, llegados a este punto y especialmente si estamos en un bar, derivará a factores “socieconómicos”: en un país en el que la hostelería es un pilar económico, ¿dejarían de existir los beneficios por “menú del día” si solo tuviésemos media hora para comer?, ¿o por el contrario los bares tendrían más clientela con un “afterwork” alargado? Muchos defensores de los horarios racionales nos dirán que precisamente el sector del ocio y la cultura sería el gran beneficiado. ¡Imaginad ir un martes al cine o poder visitar un museo un día de diario y sin aglomeraciones!

Fuera de polémicas, lo cierto es que este es un tema que cada vez preocupa a más gente. Con los actuales horarios españoles es difícil conciliar vida laboral y vida familiar. Véase el ejemplo de esos padres que prácticamente obligan a sus hijos a tener también horarios “de oficina” entre clases y actividades extraescolares porque no pueden dedicarse a ellos. Antiguamente, esto se notaba menos porque la responsabilidad de cuidar a los hijos durante las horas laborales caía a los abuelos pero teniendo en cuenta la movilidad geográfica y que a menudo los abuelos también trabajan, la necesidad de un cambio se ha hecho sentir.

Terminamos este texto dejando el tema en el aire. ¿Algún día podrá resolverse la cuestión de los horarios españoles con una apuesta a gusto de todos? El tiempo, y los horarios, lo dirán.

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